• Eleonora Fondeur

Tus palabras, sus creencias

Esas frases negativas para “disciplinar” a tus hijos no hacen más que edificar sus condicionamientos.


¿Cuántas veces le has dicho a tu hij@ las siguientes frases? O similares…


“Qué desordenad@ eres”

“Contigo no hay quien hable”

“Eres igual de terc@ que tu padre”


¿Te suenan?


¿Te has preguntado por qué tu hij@ se comporta de esa forma? ¿Has pensado que tal vez eso que le dices, lejos de motivarlo a cambiar, lo está condicionando para actuar precisamente de esa forma?


Como padres, maestros, tutores, siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, e inculcarles disciplina es parte de ello. ¿Pero sabes cuál es el resultado de esas reprimendas negativas?


“Las palabras son poderosas. Pueden destruir un corazón o curarlo. Pueden hacer que un alma se avergüence o se libere. Pueden apagar sueños o darles más vida. Pueden destruir la conexión, o crearla. Pueden crear barreras o destruirlas”. -Ming D. Liu

Pero en el caso particular de las palabras que dices a tus hijos, el poder radica en que ellos creerán todo lo que les digas.


Piensa en lo que les dices a tus hijos, y pregúntate: ¿los estoy ayudando a desarrollarse o los estoy limitando?


En este momento en que, además de ser empleados, nos toca ser padres y maestros de nuestros hijos enfrentamos el dilema de no saber cuándo ser una cosa y cuando la otra.


Es normal sentir emociones negativas ante esto: nadie nos preparó para ser maestros de nuestros hijos. Enojo, sentirse incompetente, inflexible, insatisfecho es aceptable.


Debemos ser muy cautos en cómo proyectamos nuestras emociones en nuestros hijos, pues la comunicación puede tornarse agresiva, negativa y esto es muy delicado.


En un intento de disciplinar a nuestros hijos, repetir esas frases que nos dijeron cuando niños (que nos marcaron), es la probabilidad más próxima: “eres tonto”, “eres irresponsable”, “no sirves para nada”, “si no te vigilo no haces las cosas”.


Las frases que usas, sean positivas o negativas, se convierten en etiquetas que marcarán a tu hijo de por vida: lo limitarán o ayudarán a desarrollar su potencial.

Los niños creen ciegamente en lo que sus padres les dicen, no lo ponen en duda y lo toman literal.

En base a eso que le dicen, el niño va creando su identidad, se verá a sí mismo como eso que le dicen.

Mientras más lo oiga más se esforzará por ser así, porque en su mente infantil “eso es lo que mamá y papá quieren que yo sea”, entiende que así es como se le reconoce.


Si optas por compararlo, o decirle cosas como “me vas a volver loca”, el niño desarrollará culpa hacia ti, y odio o rechazo hacia quien lo comparas.


Podemos poner las cosas en positivo:

Le fue mal en un examen, en lugar de decirle “ es que tú no estudias”, dile “en el próximo te irá mejor, sólo tienes que esforzarte un poco más”.


No entiende algo, “tranquilo, es normal, vamos a verlo de otra forma para que lo puedas entender”.


Le está yendo mal porque no se esfuerza, “realmente creo que puedes lograrlo, lo que sucede es que no estás usando tu potencial”.


Si hacemos memoria, nuestros padres o tutores nos dijeron cosas que hoy día aún nos afectan y limitan.


Para reflexionar…

Si observas lo que dices a tus hijos, ¿dirías que estás contribuyendo a su desarrollo o atentando contra él?


“Lo que encierra a cada niño dentro de un personaje cualquiera, y lo obliga a jugar hasta el final de sus días dicho personaje, es la palabra del adulto. Es el adulto quien le da nombre al niño. Le da una identidad”. -Laura Gutman


Ahora que conocemos su poder, elijamos bien nuestras palabras.


El Dr. Haim Ginott, autor del libro “Entre padres e hijos”, decía:


“La conducta de los padres tiene serias consecuencias en los niños, ya que afectan su amor propio, para bien o para mal.


Aun los padres que podemos llamar “buenos y cariñosos”, hacen cosas terribles como: reprochar, criticar, juzgar, ridiculizar, etiquetar, amenazar, condicionar el amor, chantajear, comparar, negar el amor, maldecir, humillar.


Las frases negativas producen sentimientos de culpa, temor y odio del niño hacia sus padres, hermanos y a ellos mismos”.



Varias fuentes consultadas para este artículo

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