• Eleonora Fondeur

Cuarentena: lo que ahora se de mí


En mi libro “Todos los caminos conducen a AMOR” tengo un capítulo sobre el camino del autoconocimiento. Les hablo allí de varias maneras de conocerse:


A través de la astrología, de pruebas psicométricas, de grupos de crecimiento como el Cuarto Camino, el eneagrama, Diseño Humano, entre muchos otros.


Yo he transitado varias de esas escuelas y en el proceso me fui entendiendo, y comprendí que el crecimiento no se para. Que cada día se presentan oportunidades para auto-conocernos.


La cuarentena, esta inusual oportunidad, ha sido uno de esos caminos que me han permitido ver un poco más de mí. Me tocó vivirla como lo he hecho desde hace mucho tiempo: en la soledad.


Algunos pensarán que en la soledad no se aprende, pero tengo para decirles que no es cierto. La soledad en una gran maestra.


Y su gran enseñanza es que todo lo que tengo que aprender está dentro de mí. El gran encuentro conmigo. Ya no tenía excusas para decir que no tengo tiempo, que estoy muy ocupada con asuntos que me distraen.


Todas las excusas se acababan.


Tenía tiempo de leer mucho y no lo hice.


Tenía tiempo de escribir y no lo hice.


Tenía tiempo para hablar por teléfono con mucha gente amiga y no lo hice.


Me di cuenta, una vez más, que no me gusta molestar.


Ha sido un tiempo de introspección. Entrar en mí para verme.

Tenía tiempo de aprender a hacer algo nuevo e incursionar en las nuevas modalidades del internet y aunque fui invitada a participar en varios programas, me quedé en ese estado de espera, observación, silencio.


El silencio habla. El cuerpo habla. La soledad habla.


Y ¿que escuche en mi silencio?


Que me gusta la libertad.


Que no me gusta estar prisionera en mi apartamento.


Que me gusta quedarme en ese estado meditativo de la oración, el silencio y la contemplación.


Que me deje ayudar, que acepte que otros quisieran resolverme las compras del súper, que me mandaran comida los vecinos, que fuese cuidada. Aceptar ser dependiente, vulnerable, frágil.


Agradezco todos esos gestos. Presencias amorosas invaluables.


Me di cuenta que no hay tiempo que perder. Que todo es ahora. Y que esta es la oportunidad de hacerlo, decirlo, compartirlo desde el AMOR.


Toque fondo un día, no sé si por los cambios astrológicos o porque era necesario para conocer la profundidad de mi dolor interior. Lloré sin saber por qué lloraba. Busqué excusas para ir a ver a mi familia desde lejos. Los vi y mi sollozo fue calmándose.


Me di cuenta de que perdí mis miedos.


Y puse muchas cosas en orden. Arreglé gavetas, limpié armarios, boté papeles, regalé cosas.


Me di permiso a ser perezosa.


Me mantuve conectada a los videos, WhatsApp, las noticias, las conspiraciones…


Luego comencé a formar parte de mis compañeras de gimnasia y cada día hice por lo menos una hora de ejercicio. Eso fue fantástico. Seguí conectadas con mis jóvenes amigas del gym. Y me di cuenta cuanto me gusta estar en un grupo.


Fui perdiéndole el miedo a cocinar y cada día me gusta más prepararme algo nuevo. Definitivamente YouTube tiene muchas recetas fáciles para mí, que me enseñaron que cuando cocinas no puedes alejarte de la estufa.


Aprendí a hacer germinados que me sirven de nutrientes. Cambié un poco mi manera de alimentarme.


Me di cuenta cuánto me gusta estudiar. Tomé muchos cursos y compartí con nuevas y viejas amistadas nuevos conocimientos.


Me di cuenta que no me llevaré nada y comencé a entregar de palabra todo lo acumulado.


Noté que me estoy preparando para las nuevas formas de vida. Que ahora valoro nuevas cosas y que estoy rodeada de ángeles que me están haciendo consciente de su valor en mi vida. Necesito y necesitamos al otro.


Todo cambió en un abrir y cerrar de ojos.


Cambió la manera de manejarme en el día a día, la higiene, los saludos, las clases, las distancias, el manejo de las informaciones, la salud, el comercio, la conciencia de las necesidades.


La vida se ha complicado y se ha simplificado.


La comunicación está más cercana y más lejana.


Ya no puedo seguir acusando a otros de mis dramas. Soy responsable de lo mío.


Las fronteras se cayeron y se levantaron.


La dualidad de este mundo en el que hemos crecido se comenzó a achicar y a agrandar.


Nos están invitando a la unidad del planeta, a la benevolencia, a pensar en NOSOTROS y dejar a un lado el individualismo, el YO.


El planeta requiere que amemos de otra manera para preservar lo que de repente perdimos. Y reconozcamos la gratuidad del amor. La naturaleza se renueva al dejar de agredirla, lastimarla, contaminarla.


Yo creo el mundo en el que quiero vivir ahora. Yo soy el creador. Y he aprendido a amarme y aceptarme tal como soy.


Esta cuarentena era la pausa necesitada para mirar a mi alrededor.


Como dice Efrat Shannen: “la pausa en una herramienta para crear claridad, tranquilidad, una mirada fresca y paz interior”.


Eso es lo que ha pasado y seguirá pasando. No perdamos la paz interior y no dejemos de mirar con nuevos ojos. Tiempo de descanso activo.


Y cerré mis ojos para poder ver.

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